El gobierno de India, encabezado por Narendra Modi, aplicó un conjunto de medidas urgentes para contener la crisis energética derivada del alza sostenida en los precios internacionales del petróleo. Modi instó a la población a trabajar desde casa, reducir viajes y racionar el consumo de combustible, priorizando así el ahorro de las reservas de divisas del país.
Además, el primer ministro pidió suspender la compra de oro y solicitó a los agricultores disminuir en un 50% el uso de fertilizantes. Estas medidas buscan limitar el gasto en importaciones, ya que solo en el último año fiscal India gastó millones de dólares en crudo y productos derivados, a lo que se suman las significativas compras de oro.
La situación se agrava por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, un paso marítimo clave para el suministro energético desde Oriente Medio, del cual India depende en buena parte. Más de cuarenta embarcaciones con carga de combustible, gas y fertilizantes permanecen atrapadas en el Golfo Pérsico, lo que afecta directamente la llegada de insumos esenciales para la economía india.
Este bloqueo surge en un contexto de tensión internacional, donde la negativa de Estados Unidos a aceptar la última propuesta de paz por parte de Irán elevó el precio del crudo Brent por encima de los 105 dólares por barril, generando incertidumbre en los mercados globales y presionando a India a buscar medidas internas de ahorro.
La dependencia estructural de India respecto a Oriente Medio implica que la crisis del suministro no solo amenaza la economía, sino también pone en riesgo la estabilidad del país ante la imposibilidad de garantizar combustible y fertilizantes fundamentales para su desarrollo.
