Durante la última década del siglo XVII, la pequeña aldea de Alaló, en Soria, fue escenario de un caso insólito registrado por el cura local: la presencia de un "espíritu", conocido por los vecinos como duende, que protagonizó diversas travesuras durante cinco años. Este fenómeno quedó documentado en los libros sacramentales de la parroquia, ofreciendo un testimonio poco habitual en la crónica local.

El sacerdote encargado del curato, José López Palacios, relató cómo el duende causaba molestias tanto a su familia como a quienes visitaban la casa cural y la iglesia. Entre sus fechorías figuraban arrojar cal para blanquear las paredes de forma inesperada, mover objetos rápidamente de un lugar a otro, y manchar con cal o pintura la cruz de la pila de agua bendita para dificultar su uso. También derramaba vino durante las comidas y ensuciaba los alimentos de los comensales, aunque nunca tocaba la comida del propio cura, un detalle que resultaba curioso para López Palacios.

Alaló, parte de la comunidad de Villa y Tierra de Berlanga y bajo la diócesis de Sigüenza en aquel entonces, había sido una aldea pequeña con apenas unas decenas de vecinos según diversos censos de la época. La comunidad eclesiástica mantenía registros detallados, lo que permitió conservar esta curiosa anécdota histórica. En los documentos, también se indica que el duende acudía incluso a la iglesia, dejando marcas de cal en la puerta para hacerse notar, lo que generó desconcierto entre los fieles.

Este suceso refleja cómo, más allá de las obligaciones religiosas, algunos clérigos como José López Palacios se interesaban por registrar hechos extraordinarios o inexplicables, legados que hoy aportan una visión única sobre la vida rural y las creencias populares en el siglo XVII en esta zona de Castilla.