En el marco del proceso judicial que involucra a Begoña Gómez, el juez Villegas ofreció una explicación clara sobre una táctica procesal que puede afectar la imparcialidad del juez a cargo del caso. Según Villegas, algunas defensas intentan desestabilizar al juez provocándolo deliberadamente para que reaccione de forma inapropiada, con el objetivo de pedir su recusación y así apartarlo del expediente.
El magistrado hizo énfasis en la distinción entre una resolución judicial revocable y una anulable. Cuando un juez dicta un auto, es habitual que las partes presenten recursos para corregirlo si consideran que hay errores jurídicos. Sin embargo, la nulidad implica que la resolución tiene defectos graves, como falta de motivación o vulneración de derechos, y no puede simplemente corregirse sino que debe ser invalidada.
Villegas señaló que, en el caso del juez Juan Carlos Peinado y la defensa de Begoña Gómez, la polémica gira en torno a un recurso contra la decisión de enviar el caso a juicio con Tribunal del Jurado. No obstante, aunque la resolución sea discutible, no necesariamente es nula, por lo que las críticas deben enmarcarse en el debate jurídico y no bajo acusaciones infundadas.
El juez también narró una experiencia personal donde un abogado usó una expresión ofensiva contra una de sus resoluciones con fines estratégicos: provocarlo para que respondiera de forma emocional. Esta reacción podría ser utilizada luego para cuestionar la imparcialidad del juez y solicitar su apartamiento. Villegas calificó esa maniobra como una estrategia «rastrera» que va en contra de la buena fe procesal.
Así, el debate en el caso Begoña trasciende las particularidades del procedimiento y pone a la luz tácticas que pueden distorsionar el desarrollo judicial. La intención real de la defensa solo la conoce su representante, pero la advertencia de Villegas es clara: provocar al juez para forzar su recusación compromete la integridad del proceso y debe ser identificada con rigor.
