La Unión Europea ha decidido suspender la importación de carne procedente de Brasil a partir de septiembre, en respuesta al uso de fármacos de engorde en el ganado que representan un peligro para la salud humana y el medio ambiente. Esta medida se impone incluso después de la entrada en vigor del acuerdo comercial entre la UE y Mercosur, que inició recientemente.

El principal motivo detrás de esta restricción es la presencia de sustancias antimicrobianas en la carne brasileña, utilizadas mayormente para acelerar el crecimiento del ganado y reducir la mortalidad en sistemas intensivos. Según expertos europeos, estos compuestos fomentan la aparición de bacterias resistentes a tratamientos médicos, lo que puede trasladar un riesgo directo a los consumidores.

Entre los antimicrobianos se encuentran antibióticos, antifúngicos y antivirales, sustancias diseñadas para controlar microorganismos, pero cuyo uso extendido en la ganadería ha generado preocupación global. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que una gran mayoría del uso mundial de antimicrobianos corresponde a la producción animal, y que en buena parte no tiene propósitos terapéuticos, lo que incrementa los riesgos de resistencia bacteriana.

En Europa, el empleo de antibióticos para promover el crecimiento animal está regulado estrictamente, pero en otras regiones como partes de América Latina —incluido Brasil— existe una normativa más laxa. Recientemente, Brasil prohibió ciertos antimicrobianos para la carne destinada al mercado interno, pero permitió su uso en animales destinados a la exportación, lo que complicó la trazabilidad y el seguimiento sanitario exigidos por la UE.

Además de aspectos sanitarios, asociaciones en defensa de los animales han criticado esta práctica, reclamando sistemas de crianza más humanos, que minimicen el estrés animal y permitan comportamientos naturales, reduciendo la necesidad de estos fármacos.

Las autoridades de la Unión Europea insisten en que todos los alimentos, ya sean producidos dentro del bloque o importados, deben cumplir con las mismas normas sanitarias y fitosanitarias. Esta igualdad de condiciones es clave para proteger la salud de los consumidores y garantizar la seguridad alimentaria.

Hasta el momento no se ha detallado qué antimicrobianos específicos preocupan a la Comisión Europea en relación a la carne brasileña. Sin embargo, la falta de una trazabilidad exhaustiva sobre el ciclo de vida del ganado ha sido un factor decisivo para la prohibición.