La variante andina del hantavirus presenta un mecanismo de transmisión que permite un contagio en cadena entre humanos, aunque esta expansión se detiene habitualmente en el tercer contagio. Un microbiólogo del Hospital Monte de Sinaí en Nueva York ha analizado el comportamiento de esta cepa, que difiere de otros hantavirus y facilita su propagación directa entre personas.
Uno de los brotes más relevantes ocurrió en la Patagonia argentina, donde un evento social con más de cien asistentes desencadenó cinco contagios iniciales que, a su vez, generaron una segunda tanda de infectados, sumando un total de 34 casos. Este foco permitió rastrear el movimiento del virus y comprobar que, aunque el contagio puede multiplicarse, cada cadena de transmisión rara vez supera tres eslabones, es decir, la propagación se debilita y se detiene rápidamente.
Esta capacidad limitada de contagio contrasta con la alta tasa de infección de otros virus respiratorios y disipa temores sobre posibles pandemias. Según el experto, entre más de tres mil casos documentados de hantavirus, menos de trescientos implicaron transmisión secundaria, y sólo cincuenta llegaron a un tercer salto. Esto confirma que las infecciones en cadena son la excepción y no la regla.
Además, la experiencia mostró que implementar medidas simples de aislamiento, como evitar reuniones sociales, logró reducir la tasa de transmisión en ese brote específico de 2,1 a menos de 1, con un efecto rápido en la contención del virus. Esto subraya la importancia de acciones preventivas básicas para controlar la diseminación del hantavirus, sin necesidad de restricciones estrictas o complejas.
En resumen, el hantavirus andino presenta una dinámica de contagio entre humanos menos expansiva de lo inicialmente temido, con cadenas de transmisión limitadas que pueden gestionarse eficazmente con intervenciones mínimas. Este panorama marca una diferencia clara respecto a otros patógenos de contagio rápido y pone en perspectiva la situación epidemiológica de este virus en la actualidad.
