El hantavirus Andes, causante de un síndrome pulmonar grave con elevada mortalidad, ha reaparecido en un brote reciente que generó varios contagios y muertes, entre ellos un grupo afectado en un barco. Sin embargo, los expertos señalan que la probabilidad de un brote extenso es muy reducida, aunque se debe mantener un estricto seguimiento epidemiológico.

Estos virus afectan principalmente a los humanos tras ser transmitidos por roedores, sus huéspedes naturales que permanecen asintomáticos. La infección puede desencadenar una reacción inmunitaria excesiva llamada 'hiperinflamación', responsable de las complicaciones severas en pacientes. En el caso del hantavirus Andes, los síntomas incluyen fiebre, dolores y malestar general similares a la gripe, seguidos de insuficiencia respiratoria que puede poner en riesgo la vida.

El hantavirus Andes fue identificado en 1995 en América y es reconocido por su alta tasa de mortalidad, mucho más elevada que otros hantavirus que causan fiebre hemorrágica con síndrome renal en Europa y Asia. A diferencia de esos otros virus, que tienen tasas de muerte más bajas y afectan principalmente el riñón, la variante Andes puede provocar insuficiencia pulmonar que requiere atención médica intensiva.

Un factor que limita su propagación es su largo período de incubación, que promedia 18 días. Esto permite identificar y aislar casos con mayor facilidad en comparación con virus como el SARS-CoV-2. Además, la transmisión entre personas es poco frecuente y normalmente está relacionada con contactos muy cercanos, por lo que su expansión rápida está descartada según los especialistas.

Entre los brotes documentados, el episodio más significativo ocurrió en Argentina entre 2018 y 2019, con numerosas infecciones y muertes atribuibles en parte a un posible 'supercontagiador'. El actual repunte en el barco estaría relacionado con una subvariante del virus Andes, aunque la secuenciación genética está en proceso para confirmarlo.

Actualmente no existen vacunas ni tratamientos antivirales específicos aprobados para el hantavirus. La atención médica se centra en cuidados de soporte, que incluyen la monitorización estricta e ingreso en unidades de terapia intensiva cuando es necesario, con apoyo respiratorio avanzado como la oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO) para casos críticos.

El equipo de investigación liderado por el virólogo Jonas Klingström estudia los mecanismos detrás de la enfermedad, enfocándose en la respuesta inmunitaria y la posibilidad de desarrollar terapias que combinen tratamientos antiinflamatorios y antivirales, con la esperanza de mejorar el pronóstico en pacientes graves.

Para minimizar riesgos, es fundamental rastrear a todos los contactos vinculados a los casos confirmados, incluyendo a quienes estuvieron en el barco. Se recomienda la autocuarentena y el uso de equipos de protección respiratoria en caso de posibles contagios, ya que la transmisión ocurre a través de partículas inhaladas.

En definitiva, la situación es preocupante pero controlable, destacaron los expertos. La alerta y prevención deben continuar, aunque el riesgo de un brote masivo sigue siendo muy pequeño, y la vigilancia permite intervenir eficazmente para contener la propagación.