Desde marzo, un brote de sarampión ha causado la muerte de más de 500 niños en Bangladés, poniendo en jaque a los servicios de salud del país. Los hospitales de la capital, Daca, han tenido que habilitar salas especiales para atender a los pacientes, aunque enfrentan una severa escasez de camas en las unidades de cuidados intensivos.

Las cifras oficiales del departamento de salud apuntan a 512 fallecimientos infantiles desde mediados de marzo, con 13 muertes reportadas en un solo día. El brote afecta principalmente a niños entre seis meses y cinco años, muchos de los cuales llegan en condiciones críticas a los centros hospitalarios.

El sarampión es una enfermedad altamente contagiosa que se transmite fácilmente a través de la tos y los estornudos. No cuenta con un tratamiento específico, y sus complicaciones incluyen inflamación cerebral y problemas respiratorios severos. Aunque puede afectar a cualquier persona, los niños son los más vulnerables, especialmente los que presentan desnutrición o inmunidad debilitada.

Personal sanitario ha advertido que la mayoría de los niños afectados provienen de familias con bajos ingresos y no habían recibido las vacunas de rutina. La desnutrición agrava el impacto de la infección y aumenta el riesgo de complicaciones graves.

En respuesta al brote, el gobierno lanzó una campaña masiva de vacunación que ha logrado inmunizar a más de 18 millones de niños, según UNICEF. No obstante, las autoridades de salud han señalado que el efecto completo de esta intervención demorará meses en reflejarse en la reducción de casos.

A pesar de la declaración oficial de que el brote está contenido, las muertes continúan incrementándose, lo que refleja la complejidad del escenario y las limitaciones del sistema sanitario local para enfrentar la crisis. Médicos consultados subrayan que un bebé sano puede superar la enfermedad con tratamiento mínimo, pero la combinación de desnutrición y falta de inmunización eleva el riesgo de mortalidad.