Monseñor René Henry Gracida, quien sirvió como obispo en varias diócesis de Estados Unidos y fue combatiente en la Segunda Guerra Mundial, falleció a los 102 años. Nacido en Nueva Orleans, provenía de una familia con raíces mexicanas y francesas, y dedicó gran parte de su vida al sacerdocio tras una etapa inicial como arquitecto.

Durante el conflicto bélico, Gracida participó como artillero de cola en vuelos sobre Alemania con el Cuerpo Aéreo del Ejército de Estados Unidos. En una misión crítica sobre el valle del Ruhr, su avión sufrió fallas que casi lo obligan a saltar en paracaídas en territorio enemigo. Este episodio marcó una experiencia que recordó como la protección divina sobre su vida.

Tras la guerra, obtuvo un título en arquitectura en la Universidad de Houston y trabajó en esa profesión antes de ingresar a la Orden de San Benito en 1951. Fue ordenado sacerdote en 1959, adoptando el nombre de René en honor a un mártir jesuita. Más tarde, en 1971, el Papa Pablo VI lo nombró obispo.

Gracida se desempeñó como obispo auxiliar en Miami, obispo de Pensacola-Tallahassee y finalmente obispo de Corpus Christi desde 1983 hasta su retiro en 1997. Durante su ministerio, se destacó por su movilidad en la diócesis gracias a su licencia de piloto y su pequeña aeronave, la cual utilizaba para cubrir extensas distancias y realizar confirmaciones sin depender de largos viajes por carretera.

Su relación con la televisión religiosa fue notable, pues apoyó de manera decisiva la colaboración con EWTN, una red fundada por Madre Angélica, a quien consideraba una amiga. Además, fue uno de los obispos firmantes de la corrección filial dirigida al Papa Francisco en 2017 por controversias vinculadas a la exhortación apostólica Amoris laetitia.

Monseñor Gracida dejó un legado que combina su vocación espiritual con experiencias personales intensas como veterano militar y líder eclesiástico, reflejando una vida marcada por la fe y el compromiso con su comunidad.