El imán más grande y pesado del proyecto ITER, que será el “corazón” del reactor de fusión nuclear en Cadarache, Francia, ya está completo. Esta estructura gigantesca, conocida como solenoide central, mide 18 metros de altura y pesa 122 toneladas, y su función es controlar y mantener estable el plasma de altísima temperatura dentro del reactor.

El objetivo es simular en la Tierra el mismo proceso que ocurre en el Sol, donde la fusión de átomos libera grandes cantidades de energía. ITER, un proyecto apoyado por 35 países, intenta demostrar que la energía de fusión nuclear puede ser una fuente limpia, segura y prácticamente inagotable para la generación eléctrica comercial.

El imán, fabricado en el General Atomics Magnet Technologies Center de California, está compuesto por seis módulos. Cinco de ellos ya están ensamblados y se diseñaron para soportar las intensas fuerzas electromagnéticas generadas dentro del reactor durante su funcionamiento. Este sistema magnético es crucial para contener y manejar el plasma, que puede alcanzar temperaturas de hasta 150 millones de grados Celsius.

La construcción de este componente central tomó casi 15 años y representa uno de los mayores desafíos tecnológicos en la historia de la ingeniería nuclear. La red magnética total de ITER suma alrededor de 3.000 toneladas y es indispensable para controlar el plasma y mantenerlo estable para que se produzca la fusión.

Con el avance en la fabricación e instalación del solenoide central, el proyecto ITER da un paso importante hacia la viabilidad científica y técnica de la energía de fusión para uso comercial, una alternativa energética que podría revolucionar la forma en que el mundo genera electricidad.