Un asentamiento de más de 400 chabolas ha surgido en el antiguo circuito de Fórmula 1 de València, ocupando unas 21 hectáreas, y sus habitantes, en su mayoría de origen saharaui, están empadronados allí con direcciones registradas oficialmente como “Calle Circuito Fórmula 1” o “Calle Asentamiento Fórmula 1 s/n”.

Las viviendas precarias, construidas principalmente con plásticos y maderas, conforman tres núcleos que, aunque parecen una tierra de nadie, comienzan a configurarse como un barrio informal que plantea un reto para las instituciones locales. La asociación València és Refugi colabora en la cartografía de la zona para tener un registro detallado del asentamiento.

Más allá de la presencia saharaui, el asentamiento alberga una diversidad de personas que incluyen polacos, argelinos, italianos y españoles, todos con historias marcadas por dificultades socioeconómicas y desalojos. Muchos de estos vecinos eran anteriores poseedores de viviendas o tenían trabajos estables, como electricistas o fontaneros, pero han terminado en esta situación por la imposibilidad de asumir los costos crecientes de alquiler.

Este fenómeno responde a un ciclo de exclusión social: al no poder costear su vivienda, estas personas son desalojadas y obligadas a establecerse en territorios marginales, como el antiguo circuito o el cauce del Turia, de donde también han sido desplazadas recientemente. Según representantes de sindicatos y asociaciones, este círculo vicioso provoca una errancia urbana sin soluciones definitivas, aumentando la vulnerabilidad de quienes habitan en estos espacios.

La cercanía a servicios sociales es otro factor que explica la elección de estos lugares. Por ejemplo, en el antiguo cauce del Turia, la presencia de Casa Caridad ofrecía apoyo directo a los habitantes, pero una vez desalojados de allí, se ven obligados a desplazarse a zonas menos visibles. Esta dinámica refleja además un patrón de dispersión impuesto para reducir la visibilidad de la pobreza y las problemáticas sociales en determinados puntos de la ciudad.

En este contexto, el empadronamiento de los vecinos en el asentamiento representa un reconocimiento formal que contrasta con la falta de gestión y la precariedad del lugar, planteando preguntas sobre las políticas públicas y la atención que se debe brindar a estas comunidades en situación de exclusión.