La llegada de Juan Pablo II a Granada hace más de cuatro décadas no se desarrolló como estaba planeada. En su primer viaje pastoral a España, ocurrido en 1982, el pontífice debió improvisar un cambio de transporte cuando su papamóvil sufrió una avería en pleno recorrido hacia la Basílica de la Virgen de las Angustias.

En vez de detener la visita, Juan Pablo II optó por subirse a un autobús público de la línea Alsina, la empresa local que prestaba servicios de transporte urbano en Granada. Este incidente sorprendió a los ciudadanos, que rápidamente recorrieron las calles comentando que el Papa se desplazaba en un vehículo común, algo inaudito para la época y para una figura de tal relevancia.

Ese día, toda la ciudad se paralizó para recibir al pontífice. Instituciones, empresas y fuerzas de seguridad coordinaron la logística para garantizar su presencia y seguridad: el ayuntamiento acondicionó las calles, hospitales reservaron habitaciones y un equipo médico especializado acompañó el recorrido con una UVI móvil.

Juan Pablo II, conocido como el “papa viajero” por sus múltiples viajes internacionales, visitó España en cinco ocasiones. En su debut en 1982, visitó no solo Granada, sino también otras ciudades y lugares emblemáticos como Madrid, Salamanca, Toledo, Zaragoza, Valencia, Barcelona, Santiago de Compostela y monasterios como Guadalupe y Montserrat.

En aquella primera visita, el papamóvil ya era un vehículo blindado y cerrado, diseñado tras un atentado sufrido en 1981. Sin embargo, el malfuncionamiento ocurrió poco antes de que el Papa se dispusiera a venerar a la Virgen de las Angustias y celebrar una misa masiva en Almanjáyar, lo que obligó a recurrir al transporte público para no suspender la agenda.

El incidente, sin embargo, no fue un obstáculo para Juan Pablo II, quien demostró flexibilidad y cercanía al sentarse junto al conductor del autobús y continuar su recorrido por la ciudad. Esta anécdota quedó grabada en la memoria colectiva granadina como un símbolo de humildad y sencillez en la figura del pontífice.

Desde entonces, las visitas papales a España han contado con vehículos especiales y protocolos estrictos, muy diferentes a aquella improvisación pionera que convirtió un autobús urbano en una especie de papamóvil temporal para un día inolvidable en Granada.