El origen de las caras de Bélmez se remonta a agosto de 1971, cuando María Gómez Cámara advirtió que el cemento de su cocina estaba formando la imagen de un rostro humano sin explicación aparente. A pesar de que su esposo destruyó aquella imagen y colocó un nuevo suelo, el fenómeno reapareció semanas después, dando inicio a uno de los casos paranormales más conocidos en España.

Estas figuras comenzaron a multiplicarse en la casa de los Pereira, con rostros de diferentes tamaños, expresiones y sexos que emergían sobre el cemento. La aparición de huesos humanos al remover la primera cara llevó a la hipótesis de que la vivienda estaba situada sobre un antiguo cementerio medieval, lo que reforzó el misterio entorno al fenómeno.

El caso no tardó en atraer la atención nacional e internacional, con medios de comunicación, investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y parapsicólogos involucrados en su estudio. Aunque no se hallaron pigmentos ni indicios de manipulación con pinturas, tampoco se logró confirmar un origen paranormal. En cambio, se sugirió el concepto de «teleplastia», término acuñado por investigadores españoles para describir la supuesta capacidad inconsciente de María de proyectar imágenes sobre superficies físicas.

Otra interpretación fue la de la pareidolia, un fenómeno psicológico que hace reconocer rostros en patrones aleatorios, usada por los escépticos para desacreditar las supuestas manifestaciones sobrenaturales. Algunos sostuvieron que todo pudo tratarse de un montaje familiar con fines económicos, aunque nunca se detectó a nadie realizando falsificaciones directamente.

Tras el fallecimiento de María Gómez Cámara, y con las caras originales cada vez más difusas, nuevas apariciones se documentaron en otra residencia del pueblo, lo que volvió a reavivar el interés tanto de creyentes como de expertos escépticos. El debate sobre la autenticidad y el mecanismo detrás de las caras de Bélmez continúa abierto a día de hoy.

En paralelo a la controversia, el fenómeno se ha convertido en un motor económico para Bélmez. En 2013 se inauguró el Centro de Interpretación de las Caras, un espacio que recibe miles de visitantes cada año con un ticket de entrada accesible. Así, este pequeño municipio de Jaén ha sabido capitalizar el misterio sin perder la ambigüedad que hace única esta historia ni el interés que genera entre turistas, científicos y estudiosos del fenómeno paranormal.