España enfrenta un aumento de incendios forestales más intensos y con mayor capacidad de propagación debido a la combinación del cambio climático y la acumulación de biomasa en los montes, según un estudio presentado por Cajamar. La falta de una gestión activa y eficaz del territorio agrava esta situación, que genera fuegos difíciles de controlar y con impactos crecientes en las superficies afectadas.
El estudio, titulado El sector forestal y la gestión del monte en España, reúne el análisis de 17 especialistas que destacan la paradoja del sistema forestal español: aunque el número de incendios ha disminuido, la extensión de terreno calcinado ha crecido significativamente, reflejando una mayor gravedad en los grandes incendios. Por ejemplo, solo durante un mes de 2025, las llamas consumieron más de 300.000 hectáreas, situación que llegó a provocar una emergencia nacional.
Mercedes Guijarro, científica del Instituto de Ciencias Forestales y presidenta de la Sociedad Española de Ciencias Forestales, detalla que más de la mitad del territorio español está cubierto por bosques, un dato que posiciona al país entre los principales de Europa en extensión forestal. Sin embargo, esta expansión no ha venido acompañada de una gestión adecuada. El abandono de las actividades agrarias y ganaderas, sumado a la despoblación rural, ha favorecido la acumulación de combustible vegetal en las masas forestales, haciéndolas más densas y continuas, lo que incrementa el riesgo y la intensidad de los incendios.
El informe también alerta sobre las condiciones climáticas extremas: el aumento sostenido de las temperaturas y la irregularidad en las lluvias prolongan el período de riesgo y elevan la frecuencia de incendios. Según las proyecciones, estos episodios podrían incrementarse entre un 14 y 30 % hacia finales de siglo, extendiendo los meses de peligro extremo.
Ante este panorama, los autores recomiendan que la gestión de los incendios no se limite exclusivamente a la extinción, sino que se enfoque en la prevención como una inversión estratégica imprescindible. Proponen impulsar una gestión del monte activa que incluya la reducción del combustible forestal, la recuperación de paisajes en mosaico, la implementación de pastoreo controlado y quemas prescritas, además de fomentar la planificación territorial y la restauración ecológica de las zonas afectadas.
Coordinado por Francisco Carreño y Asunción Cámara, el estudio concluye que el mayor desafío del sistema forestal español no es la disponibilidad de recursos naturales, sino la insuficiente gestión que pone en riesgo el potencial económico, ambiental y social de los bosques y aumenta la probabilidad de incendios devastadores.
