Hokum presenta a Ohm Bauman, un escritor melancólico que viaja a Irlanda para esparcir las cenizas de sus padres cerca de un hotel donde pasaron su luna de miel. La desaparición de un empleado en el recinto lo introduce en un misterio que involucra a una enigmática figura conocida como la "cailleach", una bruja con raíces en el folclore tradicional.

A pesar de usar elementos clásicos del cine de terror como hoteles aislados, supersticiones y personajes cautivadores, la película no se desvía de una estructura narrativa previsible. Sin embargo, el director Damian McCarthy hace un uso excepcional de la cinematografía para crear un ambiente cargado de tensión. Su dominio de la iluminación, las sombras y la escenografía convierte los espacios del hotel en un escenario dinámico que aumenta el suspenso y enmarca la historia con elegancia visual.

La fuerza de Hokum radica también en las actuaciones, especialmente la de Adam Scott, quien da vida a Ohm con una entrega convincente. Entre el reparto destaca David Wilmot, cuya interpretación aporta profundidad en un segundo acto donde la película encuentra su ritmo. En esta parte, McCarthy despliega un segmento extenso y cautivador que sostiene la tensión durante 20 minutos, consolidando la atmósfera inquietante y atrapante que remite a clásicos del género.

No obstante, el filme exhibe ciertas debilidades al llegar al tercer acto. La saturación de elementos terroríficos, sumada a una extensión que diluye la intensidad, hace que el clímax pierda cierto impulso. A pesar de ello, la propuesta de McCarthy cumple en ofrecer una experiencia visual y sonora llamativa para quienes aprecian el cine de terror tradicional, aunque puede quedar corta para quienes buscan innovación estructural o giros sorprendentes.