Jordi Rodríguez vivió un momento decisivo cuando, tras un vídeo viral que generó malentendidos, se vio obligado a revelar en sus redes sociales que tiene síndrome de Tourette. Este gesto, inicialmente forzado, abrió la puerta a una conversación pública sobre un trastorno neurológico poco comprendido y con frecuencia estigmatizado.

En aquel vídeo grabado durante los Premios Ceci Army, su comportamiento involuntario fue interpretado erróneamente como burla, lo que desencadenó una ola de críticas y ataques en línea. Para aclarar la situación y acabar con la polémica, Jordi publicó un video donde explicó su condición y relató sus miedos, el cual acumuló millones de visualizaciones y recibió mensajes de apoyo.

El síndrome de Tourette provoca movimientos y sonidos involuntarios conocidos como tics, aunque suele confundirse con bromas o conductas intencionales. A través de su experiencia, Rodríguez busca cambiar esa percepción y romper con el prejuicio que rodea a quienes conviven con este trastorno.

Hace un año, confiesa que hubiera sido impensable para él hablar públicamente sobre el síndrome. Solía ocultar su condición para evitar ser señalado. Sin embargo, hoy se muestra orgulloso de compartir su situación y generar una marca personal basada en la transparencia y la visibilización.

Jordi compara su situación con la de otras condiciones visibles, como el síndrome de Down, reivindicando que nadie se burla de estas personas, por lo que no debería hacerlo con quienes tienen síndrome de Tourette. Esta reflexión busca humanizar y normalizar la convivencia con trastornos neurológicos.

El Día Mundial del Síndrome de Tourette representa para él una oportunidad para continuar educando y derribando mitos. Además, menciona a figuras públicas como Billie Eilish y Lele Pons, quienes también padecen este síndrome, contribuyendo a que más personas conozcan la diversidad dentro de esta realidad.

Rodríguez señala que, al superarse el miedo inicial, comunicar abiertamente su condición ha resultado en un alivio personal, pues ya no debe explicar o justificar sus tics de manera constante, lo que favorece su bienestar social y emocional. Su testimonio aporta una voz fundamental para la inclusión y empatía hacia esta condición.