La violencia y las heridas del franquismo no solo permanecen en la memoria oral o en documentos escritos, sino también en los restos materiales que aún sobreviven en el territorio. Alfredo González Ruibal ha dedicado años a excavar esos vestigios para demostrar que la arqueología puede revelar aspectos inéditos de ese periodo histórico, habitualmente estudiado desde grandes discursos políticos o sociales.

Su reciente trabajo se aleja de lo monumental para enfocarse en lo cotidiano: trincheras, poblados abandonados, campos de concentración y cementerios en distintas regiones de España guardan testimonios físicos que reconstruyen las vidas y sufrimientos de quienes vivieron bajo la dictadura. Así, González Ruibal cuestiona que el franquismo sea solo un capítulo para la memoria o la historiografía clásica y sostiene que también es materia tangible que narra historias.

Entre los lugares estudiados destacan las trincheras de Ciudad Universitaria en Madrid, el penal de Cuelgamuros, el poblado de Entrevías, las aldeas gallegas abandonadas, y los campos de concentración en Badajoz. Cada sitio conserva fragmentos discretos pero significativos que permiten interpretar la violencia, el exilio, la represión y las formas de vida durante esos años.

El arqueólogo también revela un componente personal en su investigación. Proviene de una familia que prosperó tras la posguerra gracias a una empresa constructora, lo que introduce un contrapunto sobre la historicidad y la objetividad, al reconocer desde dónde se cuenta la historia, sin evadir esa subjetividad para lograr una narración más honesta y compleja.

La obra propone mirar el siglo XX como un terreno arqueológico válido, donde los escombros y ruinas no son solo vestigios muertos, sino testimonios activos que permiten revivir y entender los «cuarenta años más oscuros» de España desde su materialidad. Esta perspectiva abre nuevas vías para abordar una época que sigue generando debate y heridas abiertas.