La Plaza de Sant Pere de Berga se convirtió en escenario de una intensa manifestación de rechazo político hacia Sílvia Orriols, diputada de Aliança Catalana, durante la primera jornada de la Patum Completa. Centenares de asistentes interrumpieron su presencia con silbidos, carteles y consignas como «Fora feixistes de la Patum», en un clima de tensión que llevó el foco hacia el balcón del Ayuntamiento.
La alcaldesa de Ripoll, invitada por la futura candidata de la formación identitaria en Berga, Judit Vinyes, logró participar a pesar del veto impuesto por el gobierno municipal de la CUP. Aunque la lluvia condicionó el ritmo festivo, la protesta política adquirió una dimensión destacada que representa una parte del rechazo social hacia las políticas de Aliança Catalana.
Expertos en comunicación advierten que este tipo de confrontaciones actúan con frecuencia como un arma de doble filo. Orriols ha utilizado estas situaciones para fortalecer su narrativa como víctima del “establishment”, lo que favorecería la cohesión y movilización de su base electoral, especialmente en vistas a futuras candidaturas locales.
Las protestas en torno a figuras políticas durante la Patum no son nuevas en Berga. En ediciones anteriores se registraron manifestaciones similares contra destacados actores políticos, con distintos matices según el contexto social y político de cada momento.
Por ejemplo, el actual presidente de la Generalitat, en su etapa como líder del PSC, fue recibido con fuertes silbidos y gritos que pedían la independencia durante la Patum de Lluïment. En 2012, Artur Mas enfrentó una reacción dividida, combinando abucheos y aplausos, en medio de la crisis económica y los recortes sociales.
También José Montilla experimentó protestas por parte de sectores independentistas de izquierda durante sus visitas en los años del tripartito, un reflejo común frente a representantes del PSC en esta festividad. En décadas anteriores, Jordi Pujol sufrió silbidos y caceroladas durante la Patum, a pesar de su fuerte arraigo electoral en la comarca.
Estos episodios confirman que la Patum, además de ser una celebración cultural y popular, funciona como un espacio donde se expresan de forma pública las tensiones políticas que atraviesan la sociedad catalana, particularmente en escenarios locales sensibles como Berga.
