El artista Nelson Villalobos mantiene un vínculo profundo con dos territorios que definen su obra: su casa en La Habana y su estudio en Vigo, España. Esta dualidad geográfica alimenta su creatividad y refleja su identidad híbrida, pues se siente igualmente cubano y vigués. Su taller en Vigo, que gestiona desde hace más de dos décadas, fue pionero en Galicia por su enfoque profesional en la serigrafía, y allí transforma ideas en imágenes que, según dice, funcionan como poemas visuales.

Villalobos concibe su trabajo como un diálogo intenso con el pasado y el presente del arte. Su formación y amplio conocimiento literario, en especial la influencia del poeta Fernando Pessoa, lo guían para fragmentar sus piezas en series que evocan poemarios. Para él, no existe una frontera clara entre la poesía y la expresión plástica; ambas se nutren y se completan mutuamente en sus creaciones.

El proceso creativo del artista combina orden y libertad. Aunque su taller es un espacio pulcro y organizado, las obras surgen de la improvisación consciente. Villalobos inicia cada jornada con ideas generales, como decidir si trabajará con líneas curvas o rectas, y luego deja que la intuición marque el ritmo y la forma de cada pieza, que puede durar horas o incluso más de una decena de ellas seguidas.

Además de sus orígenes caribeños, la influencia de las múltiples culturas que han pasado por Cuba se refleja en su obra. El mar —presente en Vigo y ausente en Zaragoza, donde también vivió— aparece como un elemento recurrente que conecta ambas realidades. Su compromiso con el arte fragmentario se formalizó en el grupo «Ruptura», creado en los años 90, que exploró nuevas teorías para entender y representar la pluralidad y la simultaneidad en el arte.

Para Villalobos, el arte no es solo producto del talento, sino un reflejo de todo lo vivido y sentido, incluyendo el sufrimiento y la alegría. Cada cuadro es una síntesis de emociones, vivencias, memoria y luz; elementos que atrapa del entorno cotidiano —como las sombras o los detalles más insospechados— y que afloran con naturalidad en el acto de creación, a semejanza del trabajo de Picasso que tanto admira.