Pavel Talankin reveló el avance de la propaganda estatal en las escuelas de Rusia a través del documental Mr. Nobody Against Putin, obra que le otorgó un Óscar al Mejor Largometraje Documental y otros reconocimientos internacionales. La película muestra cómo el régimen de Vladímir Putin ha militarizado la educación primaria en una pequeña ciudad, influenciando a los alumnos con actos patrióticos marcados por la ideología oficial.

Durante años, Talankin trabajó en una escuela de Karabash, donde combinaba sus tareas entre el servicio de limpieza y la organización de actividades, lo que le permitió captar momentos fundamentales dentro del centro educativo sin llamar la atención. Registró cómo la propaganda se infiltró en los pasillos, las aulas y los eventos escolares, especialmente tras la implementación de una ley de "educación patriótica" que se intensificó desde 2022 en respuesta al conflicto en Ucrania.

Este fenómeno implicó un cambio significativo en las dinámicas escolares: las actividades alusivas al Estado pasaron a ser obligatorias y frecuentes, con un aumento en la simbología proputinista como la exhibición de fotografías del presidente ruso. A pesar de tratarse de una escuela pequeña, la militarización mostró la intención de que los niños se formaran bajo una visión nacionalista y belicista.

El documental, rodado de manera clandestina pero con permisos escolares para el uso de imagen, convirtió a Talankin en una figura de denuncia. Sin embargo, el impacto que generó en Rusia fue contrario: el gobierno lo declaró “agente extranjero” y prohibió la difusión de su obra dentro del país, forzándolo a vivir en el exilio.

En su visita a València para recibir el Premio Pau i Justícia 2026 en el festival Humans Fest, Talankin reconoció el costo personal que implica mostrar esta realidad. Explicó que antes del documental podía vivir en Rusia con cierta normalidad, pero que ahora su estatus ha empeorado debido a la presión política y la represión estatal.

Este caso refleja cómo las formas contemporáneas de propaganda se imbrican con la rutina educativa, generando un entorno donde se dificulta distinguir la información oficial de la manipulación política. Talankin apunta así al peligro de esta mezcla, que afecta especialmente a las generaciones más jóvenes y su proceso de formación cívica.