La Orquesta Sinfónica de Tenerife ofreció un concierto en la Sala Sinfónica del Auditorio dedicado a piezas que marcaron un antes y un después en la música europea, abarcando desde el Barroco hasta el inicio del Romanticismo. La dirección estuvo a cargo de Reinhard Goebel, reconocido por su enfoque historicista y su capacidad para revitalizar repertorios antiguos sin buscar una mera reconstrucción histórica, sino para hacerlas vibrar como auténticas revoluciones musicales.

El programa titulado De Monteverdi a Beethoven fue un recorrido sonoro que unió elementos teatrales, dancísticos y sinfónicos, mostrando cómo se fueron delineando las bases del lenguaje musical moderno. Se inició con la suite Los elementos (1737) de Jean-Féry Rebel, una de las composiciones más originales del barroco francés, que lleva al público a un universo sonoro poco convencional con una chacona emblemática del teatro galo.

También se interpretaron fragmentos de Christoph Willibald Gluck, especialmente la Danza de las furias y el Ballet de los espíritus bienaventurados pertenecientes a Orfeo y Eurídice (1774), obras en las que la danza adquirió una función expresiva revolucionaria al adoptar movimientos escénicos irregulares para evocar el infierno, señalada por Goebel como una innovación en la dramaturgia musical.

El concierto destacó la presencia de obras fundamentales de Claudio Monteverdi, clave en los antecedentes de la ópera europea, con interpretaciones de fragmentos de Las vísperas de la beata Virgen (1610), Orfeo (1607) y El baile de las ingratas (1608). Estas piezas reflejan un profundo entramado entre música, escena y representación que sentó las bases para las posteriores expresiones musicales escénicas.

Para completar la primera parte, se presentó una versión instrumental del famoso Il pianto d’Arianna, arreglada por Pietro Locatelli en 1741. Esta interpretación simboliza, según Goebel, la irrupción de la emoción personal en la música instrumental, un giro crucial en la evolución del lenguaje musical.

La segunda parte del programa estuvo dedicada a la Sinfonía n. º 1 de Beethoven, fechada en 1800 y vinculada al barón Gottfried van Swieten, una figura influyente en la difusión de Bach y Händel en Viena. Esta obra representó el cierre de un viaje histórico que unió las raíces del barroco con la emergencia de la sinfonía moderna, reflejando la transformación radical que vivió la música europea en esos dos siglos.

El concierto se inscribió dentro de una semana cultural destinada a la música de cámara y la formación orquestal, incluyendo colaboraciones con la Cátedra de Dirección Zubin Mehta y recitals en diferentes islas. La programación destacó el valor de conectar repertorios aparentemente distantes para comprender el desarrollo continuo y dinámico de la música occidental.