Los principales festivales de música en València atraviesan una etapa de transición tras el fallo judicial que impide la celebración de eventos en la Ciutat de les Arts i les Ciències, un emblemático espacio que hasta ahora acogía multitudinarias propuestas. La decisión judicial, respaldada por las quejas de los vecinos, obliga a las organizaciones a buscar alternativas rápidas y a reinventar sus formatos para ajustarse a nuevas normativas y preocupaciones ciudadanas.
Como respuesta, algunos festivales ya se han trasladado o adaptado a nuevos escenarios: I Love Reggaetony y Love the 90’s se celebran ahora en el estadio Ciutat de València, mientras Bigsound apuesta por Torrent, que se posiciona como un nuevo epicentro cultural y de festivales dentro del área metropolitana. Sin embargo, el Festival de les Arts insiste en permanecer en la Ciutat de les Arts, abriendo un debate sobre las posibilidades y límites de esta ubicación.
La polémica principal gira en torno a la regulación de los niveles de ruido, un punto crítico para evitar conflictos con los vecinos. En el contexto de València Music City, se han consensuado limitaciones acústicas para eventos, estableciendo un máximo de 90 decibelios medidos desde un punto específico —la mesa de sonido— en lugar de tomarse desde la fuente o desde residencias. Esta medida busca flexibilizar el cumplimiento y facilitar la organización de conciertos, aunque el ruido ambiental propio de la ciudad complica el ajuste de los niveles sin superar los límites legales.
La Generalitat, a través de Turisme Comunitat Valenciana, aprobó una excepción para que festivales certificados puedan regirse por normativas similares a las de las Fallas, pero la aplicación depende de cada municipio. Mientras Torrent ha adoptado esta excepción, facilitando la llegada de eventos, València todavía no ha tomado esa decisión, lo que genera diferencias en las posibilidades de cada localidad para albergar festivales. Por ejemplo, Mislata ha dejado claro que descarta la celebración de grandes eventos, priorizando la tranquilidad de sus vecinos.
Las quejas vecinales y la consecuente decisión judicial han puesto en evidencia la necesidad de establecer un diálogo fluido entre promotoras, administraciones y ciudadanía. Las promotoras saben que su futuro depende de encontrar espacios alternativos y acuerdos sólidos que permitan coexistir con el entorno urbano y social sin generar conflictos.
Este escenario abre un nuevo ciclo para los festivales de música en València, donde la búsqueda de espacios más compatibles con las exigencias ciudadanas y normativas acústicas redefine el mapa cultural del área metropolitana.
