La oposición al proyecto de ampliación del puerto de Los Cristianos toma fuerza con una manifestación programada para el domingo siguiente, que partirá desde el centro cultural y culminará en la plaza de La Pescadora. Los organizadores buscan proteger el litoral, preservar el entorno natural y garantizar la calidad de vida de los residentes, a través de un rechazo explícito al plan visitante por la Autoridad Portuaria.
El principal foco de controversia es la propuesta de construir un aparcamiento de tres niveles más la cubierta en el actual espacio de estacionamiento, una idea que la Plataforma en Defensa de Los Cristianos califica como una “aberración” y un “atropello al sentido común”. Su presidente expresó que la construcción de un macroparking en esa zona resulta incompatible con el cuidado ambiental y la convivencia urbana.
Por otro lado, la plataforma no objetó la relocalización prevista de la terminal de pasajeros junto a la Casa del Mar ni las obras para reforzar parte del dique, aunque ha denunciado falta de transparencia y engaño, pues aseguran que no se tomó en cuenta su opinión, a pesar de las promesas iniciales. La demanda principal radica en una reordenación del puerto que contemple alternativas más sostenibles y menos invasivas.
Además del proyecto oficial, preocupa la iniciativa privada de construir un pantalán flotante para embarcaciones turísticas en el antiguo muelle, justo frente a la playa. Esta propuesta, considerada una “locura” por la plataforma, supondría un impacto negativo sobre el entorno marino y la zona de baño.
Como solución, la Plataforma sugiere medidas sin coste económico como escalonar los horarios de las navieras para evitar concentraciones y desviar el tráfico de mercancías hacia otros puertos, como Santa Cruz o Granadilla. Esta logística permitiría reducir el tránsito de camiones en la autopista TF-1, disminuir la emisión de CO2 y proteger la Zona Especial de Conservación, evitando daños a la fauna marina.
Finalmente, se denunció el deterioro progresivo de la bahía, reflejado en la reciente pérdida de la bandera azul, señal de la calidad ambiental del lugar, y se alertó sobre la posible declaración futura de la zona como “no apta” para el uso turístico y residencial si no se revierte la presión ambiental actual.
