Investigadores han hallado ADN humano antiguo adherido a las paredes de cuevas con arte rupestre en España y Portugal, un descubrimiento que ofrece un método novedoso para estudiar a los primeros pobladores sin depender únicamente de restos óseos o herramientas. Este hallazgo, publicado en la revista Nature Communications y liderado por el Instituto Max Planck, demuestra que las rocas conservan trazas genéticas humanas durante milenios, incluso en áreas donde se realizaron pinturas prehistóricas.
El análisis abarcó 24 paneles de arte rupestre distribuidos en 11 cuevas de la Península Ibérica, donde se tomaron 120 muestras de superficies pigmentadas y no pigmentadas, además de sedimentos y un instrumento de hueso de ave encontrado en Altamira. Sin embargo, solo cinco muestras ofrecieron ADN mitocondrial antiguo auténtico, entre ellas fragmentos de pared tanto pintados como sin pintura en la cueva de Escoural, Portugal, y en Covarón, al norte de España.
Se trata de un hallazgo particular, ya que el ADN apareció en zonas donde no hay arte visible, lo que sugiere que las moléculas pudieron depositarse directamente mediante contacto humano, quizás por saliva o sudor. También hubo casos en los que se detectó ADN humano junto con ADN animal, lo que indicaría una mezcla secundaria provocada por sedimentos o infiltración de agua.
El estudio aportó información inicial sobre las personas relacionadas con estas huellas genéticas. Tres muestras se asignaron mayoritariamente a mujeres y una a un hombre, mientras que dos de las muestras de Covarón pertenecían a individuos genéticamente vinculados a los cazadores-recolectores occidentales, un grupo ya identificado en investigaciones anteriores sobre la región. No obstante, los científicos aclararon que no es posible confirmar si estas trazas corresponden específicamente a quienes realizaron las pinturas rupestres o a otros individuos que estuvieron en contacto con las paredes en diferentes momentos.
