Agustín Maíllo, heredero de una tradición serrana que remonta a varias generaciones en Mogarraz, se destaca por haber convertido su bodega en un referente clave para la denominación de origen de vinos en la sierra de Salamanca. Su recorrido comenzó hace dos décadas, con un espíritu innovador que luego proyectó en una amplia variedad de vinos y productos relacionados.
La marca La Zorra, que data de una cosecha inicial en 1976, experimentó un crecimiento notable a partir de la década de los noventa, cuando los procesos enológicos se volvieron más sofisticados y la calidad de sus vinos alcanzó nuevos estándares. Lo que comenzó con un vino tinto rufete y alguna selección de castas blancas, hoy se ha convertido en un muestrario diverso que incluye varietales como garnacha, tempranillo y rufete, además de mezclas complejas provenientes de distintos pagos y viñedos con nombres emblemáticos del entorno local.
El restaurante Miraflores, fundado por su familia, fue el punto de partida para Agustín, donde aprendió y consolidó el vínculo entre gastronomía y vino rural. Este lugar ha sido un motor para la valoración de productos típicos y ha acompañado el desarrollo de la bodega, que no solo renovó la imagen y el estilo de sus etiquetas, sino que amplió su oferta con vinos especiales como La vieja o los blancos de múltiples castas.
Más allá del vino tradicional, Maíllo ha incursionado en la creación de productos que integran la cultura popular y la identidad serrana: espumosos rosados dedicados a su madre, vinos blancos dulces de notable dulzura, y un vermut rojo pensado para acompañar el aperitivo. Incluso exploró el mercado emergente de la cerveza artesanal con una variedad tostada que refleja los sonidos y aromas característicos de la sierra.
Su capacidad para diversificar y mantener la calidad ha consolidado una oferta que trasciende la simple producción vitivinícola, convirtiéndose en un símbolo del compromiso con la tierra y la innovación en la «Toscana salmantina». Así, Agustín Maíllo no solo preserva la herencia familiar, sino que despliega un abanico amplio e imaginativo que enriquece la cultura enológica regional.
