Antonio Catalán terminó una vez más el Camino de Santiago, cumpliendo así 36 años consecutivos realizando esta ruta que inició como una promesa personal tras un accidente familiar. En esta edición estuvo acompañado por un pelotón de 75 ciclistas, entre ellos su esposa, que recorrieron durante seis jornadas más de 800 kilómetros desde Corella, Navarra, lugar natal de Catalán.

El grupo enfrentó diversas condiciones, destacando especialmente la etapa entre Burgos y León, que fue la más exigente debido al fuerte viento que sopló en el trayecto. A pesar de la intensidad y el esfuerzo, el recorrido tuvo un contratiempo cuando uno de los participantes sufrió un accidente que le provocó fracturas en tres costillas y en la clavícula, aunque el propio Catalán aseguró que no se trató de lesiones graves.

La llegada del pelotón coincidió con la asistencia a la misa del peregrino en la Catedral de Santiago de Compostela. Posteriormente, los ciclistas cerraron la jornada con una cena en el Hotel Palacio del Carmen, Autograph Collection, donde compartieron la experiencia vivida durante el Camino. Esta tradición, que comenzó en 1990, nació a partir del accidente en el que la esposa de Catalán atropelló accidentalmente a una de sus hijas, hecho que motivó la promesa de realizar la Ruta Jacobea.

Con 77 años, Antonio Catalán considera que esta peregrinación anual va más allá del aspecto físico y deportivo, resaltando su valor como una experiencia de vida donde la constancia, el compañerismo y la superación personal son fundamentales para alcanzar grandes metas.