El duelo de dieciseisavos de final entre Australia y Egipto concluyó con un empate impulsado por un autogol que igualó el marcador y una serie de cambios tácticos clave por parte de ambos equipos.
Egipto logró adelantarse en el marcador con un gol de Ashour en la primera mitad, momento en que Australia mostró intensidad pero careció de precisión para definir sus ataques. Sin embargo, un autogol del lateral egipcio Hany permitió a Australia empatar el partido durante la segunda parte, tras una falta evitable cometida por los africanos.
El encuentro estuvo marcado por altibajos en el control del balón, con Australia dominando la posesión en varios momentos, aunque sin demasiado peligro real, mientras que Egipto optó por un repliegue defensivo y buscó aprovechar errores rivales para generar ocasiones. La lesión del lateral Hafez obligó a Egipto a un cambio en defensa, limitando sus opciones ofensivas y motivando sustituciones como la entrada de Trezeguet y otros jugadores para mantener la competitividad.
Mohamed Salah, figura egipcia, tuvo una participación limitada tras superar dudas sobre su condición física, logrando algunas faltas y un remate de cabeza, pero sin poder marcar diferencia en el marcador.
Previo al empate, Australia sufrió la pérdida momentánea de un jugador tras una entrada fuerte, aunque este pudo continuar en el terreno de juego tras recibir atención médica.
Las modificaciones tácticas incluyeron la salida de Irankunda y Volpato en Australia, reemplazados por Mohamed Trouré y Hrustic, así como cambios en Egipto con la entrada de Hossam Abdelmaguid y Haissem Hassan, orientados a fortalecer la defensa y buscar el desequilibrio en ataque.
La segunda parte cerró sin que ninguno de los dos equipos lograra romper la paridad, encaminando el duelo hacia una posible prórroga debido a la falta de un golpe de efecto definitivo.
