"Chris y Martina: El set decisivo" ofrece un retrato íntimo y sorprendente de la relación entre dos de las tenistas más emblemáticas de la historia, Chris Evert y Martina Navratilova. La directora Rebecca Gitlitz construye un relato que va más allá de la competencia deportiva para abordar las dimensiones personales y sociales que definieron esta histórica rivalidad.

El documental abre con una imagen potente: Chris Evert en una revisión oncológica, una escena que rompe la imagen de invencibilidad asociada a su figura. Este contraste entre el pasado glorioso y las dificultades actuales establece un paralelismo entre la batalla dentro de las canchas y la lucha contra la enfermedad que ambas deportistas enfrentaron años después.

Gitlitz utiliza una estructura narrativa que combina metraje de archivo con entrevistas actuales realizadas en los hogares de las protagonistas, mostrando su rutina cotidiana. Esta elección humaniza a ambas tenistas y permite desvincularlas de la imagen pública histórica, marcada muchas veces por la mitología y el sensacionalismo mediático.

El corazón del documental es la evolución de la relación entre Evert y Navratilova. Partieron de una amistad para convertirse en rivales acérrimas, y después en un reencuentro lleno de reflexión. La directora desmonta las etiquetas creadas por los medios, tales como la estadounidense conservadora frente a la checoslovaca rebelde, la heterosexual frente a la lesbiana, la figura de Florida contraria a la desertora del bloque comunista. Estas dicotomías respondían más a intereses comerciales y prejuicios socioculturales que a realidades personales.

Además, el documental aborda la dimensión política a partir de la decisión de Navratilova de desertar a Estados Unidos, un acto que refleja el contexto de opresión del régimen comunista. La película también expone cómo la orientación sexual de Navratilova generó un tratamiento mediático distinto al que recibía Evert, evidenciando los dobles estándares de la época.

Con un enfoque cuidado, la película evita caer en el sensacionalismo, integrando el cáncer y las dificultades personales como parte natural del relato, manteniendo la dignidad y complejidad de las protagonistas. Aunque en ciertos momentos la cámara adopta una actitud demasiado respetuosa, el resultado es un trabajo que equilibra el contexto histórico, político y humano para ofrecer una visión completa sobre una rivalidad que trascendió el tenis.