La tarde en el Estadio Azteca que cambió la historia del fútbol mundial y catapultó a Diego Armando Maradona a la leyenda cumple 40 años. Aquella jornada quedó marcada por dos goles que simbolizan la genialidad y la controversia: el popularmente conocido como la “Mano de Dios” y el denominado “Gol del Siglo”. Más allá de las imágenes y relatos públicos, Maradona siempre ofreció su propia versión sobre la jugada que le valió acusaciones y leyenda a partes iguales.

En el minuto 51 del partido contra Inglaterra, Maradona afirmó que el primer gol lo marcó elevándose junto al arquero Peter Shilton, aunque admitió que el balón tocó su mano y luego su cabeza. Reconoció que le quedó un chichón en la frente, evocando cómo la jugada mezcla la picardía con la destreza, describiéndola como hecha con la “cabeza de Maradona pero con la Mano de Dios”. Al día siguiente, intentó matizar la versión inicial, negando que la intención hubiera sido usar la mano a propósito. Sin embargo, en entrevistas posteriores asumió con más claridad la frase que se volvió icónica, explicando que no podía admitir abiertamente el uso de la mano para evitar la sanción del árbitro, ya que la situación era delicada por la rivalidad política entre ambos países.

Doce años después, Maradona reconoció en un documental que había logrado “robar la billetera a los ingleses sin que se dieran cuenta”, señalando con ironía al arquero y resaltando su habilidad para burlar a la defensa contraria. En 2008 reafirmó en entrevistas que usó la expresión “Mano de Dios” para referirse a la jugada sin revelar la infracción directa, dado que la presión y las consecuencias para el árbitro podían ser graves.

A partir del minuto 54, el segundo gol quedó inmortalizado como una de las mejores jugadas en toda la historia del Mundial. Según explicó Maradona, tras recibir un pase poco ortodoxo de su compañero conocido como “Negro Enrique”, encaró a los defensores ingleses a gran velocidad. Durante la acción, fue objeto de una fuerte patada en el tobillo, que le provocó una lesión grave, pero el entusiasmo del gol eclipsó el dolor. Describió su amague perfecto a Shilton, eludir la defensa y empujar el balón al arco para sellar un tanto que transcendería generaciones.

En entrevistas posteriores, incluso décadas después, Maradona mostraba la emoción intacta al rememorar el gol, analizando cada detalle, desde la salida del arquero hasta la asistencia recibida. Estos hechos no solo reflejan una hazaña deportiva, sino también una conexión profunda con el contexto político y social de la época, donde lo vivido en el campo de juego adquirió tintes simbólicos y patrióticos.