El Mundial 2026 ha dejado atrás las predicciones pesimistas sobre una baja asistencia y un nivel deportivo reducido. A pesar de las preocupaciones relacionadas con la política migratoria y la logística compleja, los estadios han registrado un lleno casi total en todos los partidos, reflejando un respaldo masivo de los aficionados.

El formato ampliado, que incluye 48 selecciones y 104 encuentros, ha mantenido una competitividad sólida, con selecciones consideradas “cenicientas” desempeñándose mejor de lo esperado. Esto ha dado lugar a una fase eliminatoria más incierta y emocionante, con varias sorpresas que han incrementado el interés general alrededor del torneo.

Entre los aspectos criticados, el calor en algunas sedes estadounidenses se ha convertido en un reto constante. Para mitigar los riesgos, la FIFA implementó pausas obligatorias de hidratación durante los partidos, aunque no siempre han sido bien recibidas por jugadores y entrenadores, quienes apuntan a que afectan el ritmo natural del encuentro y podrían tener motivaciones comerciales, relacionadas con más tiempos de publicidad televisiva.

El reparto geográfico del campeonato entre tres países ha obligado a desplazamientos largos entre sedes, generando desgaste físico en los equipos y cuestionamientos por el impacto ambiental derivado. Estas dificultades logísticas, unidas a las críticas sobre las pausas y las altas temperaturas, permanecen como los principales puntos de debate en un torneo que, de otro modo, exhibe éxito tanto en asistencia como en nivel competitivo.

A pesar de estas críticas menores, el balance general del Mundial 2026 es positivo. Ni los temores relacionados con la política migratoria ni los riesgos deportivos se concretaron en mayores problemas, dejando en evidencia que la ampliación y la organización multinacional son viables para eventos futbolísticos de esta magnitud.