En la Alhóndiga de Bilbao, las notas musicales no sólo llenan el aire, sino que guían al visitante por un viaje introspectivo que une arte, filosofía y cultura. Glenda León, artista hispanoamericana reconocida internacionalmente, ha creado una experiencia que arranca desde su pieza central: una partitura basada en 214 nombres de dioses de distintas culturas, convertidos a braille y luego traducidos en sonidos. Este proyecto integra dimensiones táctiles y auditivas para cuestionar la relación entre energía, percepción y realidad.
La exposición, titulada Un árbol cae en el bosque, se alberga en el emblemático espacio de Azkuna Zentroa, un antiguo almacén de vino transformado en centro cultural. Desde el Atrio de las Culturas, los visitantes encuentran los primeros referentes visuales, pero la verdadera inmersión ocurre al descender a pisos inferiores, donde León despliega una narrativa ascendente que no solo implica movimiento físico, sino un recorrido espiritual y conceptual.
La pregunta que articula toda la muestra tiene eco en debates filosóficos y científicos: si un árbol cae y nadie lo oye, ¿realmente hace ruido? La artista desafía la percepción común al conectar este dilema con principios de la física cuántica, que sugieren que la existencia de un fenómeno puede depender de nuestra observación y energía. Así, el sonido —aunque generado— no se vuelve real para quien no lo percibe.
La muestra se estructura en varias capas temáticas. Comienza con cuestiones y objetos terrenales que invitan a un diálogo entre obra y espectador, antes de adentrarse en reflexiones más políticas y espirituales. León comparte historias personales como inspiración: por ejemplo, en una pieza que alude a los viajes y las pertenencias, mencionó cómo una simple bolsita de té perdida en una cinta transportadora impulsó parte de su creación, evocando la fragilidad y el azar del existencialismo cotidiano.
En este recorrido, el visitante encuentra títulos como Campo de Juego y Juegos carnales, que combinan elementos que apelan a la experiencia corporal y sensorial, haciendo de la exposición una travesía que va más allá de lo visual. Esta capacidad de mezclar lo táctil, lo sonoro y lo conceptual ubica a León como una figura influyente que explora las fronteras entre cultura, naturaleza y conciencia humana.
Un árbol cae en el bosque podrá visitarse hasta finales de septiembre, proponiendo a quienes se acerquen una pausa para repensar la desconexión que enfrentamos con el entorno natural y las consecuencias que esta provoca. Más allá de una muestra artística, es una invitación a reencontrar sentidos y cuestionar realidades.
