La vigilancia de infraestructuras críticas ubicadas en el fondo del mar de Alborán es el objetivo principal de la operación que la Armada Española lleva a cabo en las aguas de Málaga. Además del patrullero Tagomago, que supervisa la superficie marítima para descartar actividades ilegales, la operación cuenta con un equipo especializado de cazaminas que inspecciona el lecho marino para identificar posibles amenazas.

Estos cazaminas, conocidos por nombres de ríos como Duero, Tajo o Turia, emplean tecnología de Sónar de Profundidad Variable (VDS) y vehículos submarinos remotamente operados para localizar, clasificar y decidir la intervención sobre objetos sumergidos. Su cometido es esencial para diferenciar entre artefactos peligrosos, legados de conflictos anteriores, y elementos inocuos, garantizando la seguridad sin alterar infraestructuras que no representen riesgo.

El proceso comienza con la detección acústica mediante el sónar, un equipo pesado desplegado desde el cazaminas mediante grúa, que envía imágenes y datos a la central para análisis. Posteriormente, vehículos como el 'Pluto Plus' o el 'Minesniper' evalúan el objeto con cámaras y sensores de última generación. En caso de confirmarse un riesgo, se procede a la neutralización del artefacto; en caso contrario, se archiva la información para futuras vigilancias, reforzando la seguridad marítima.

Esta misión, supervisada por el Mando Operativo Marítimo con base en Cartagena, se extenderá hasta principios de junio, enfocándose en proteger cables de comunicaciones y otras infraestructuras clave frente a posibles operaciones hostiles o accidentes.

La Armada mantiene presencia permanente en la provincia a través de la Comandancia Naval de Málaga y su patrullero Tagomago, que actúa en la superficie inspeccionando barcos sospechosos y garantizando la seguridad del tráfico marítimo. Sin embargo, la especialización en detección bajo el agua corresponde exclusivamente a los cazaminas.

Además, la operación recuerda que en el fondo marino aún permanecen minas de la Segunda Guerra Mundial, restos de un pasado bélico que continúan representando un peligro latente y que requieren constante monitoreo y localización para evitar riesgos en la navegación y los ecosistemas marinos.