Con una propuesta cinematográfica audaz y emotiva, La bola negra se presentó en el Festival de Cannes como una obra capaz de remover las conciencias y desafiar el silencio histórico. La película, dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, reconstruye los amores disidentes que el régimen franquista intentó borrar y se convierte en una carta de amor dedicada a Federico García Lorca y a la memoria colectiva de España.

El filme despliega una narrativa en tres tiempos, comenzando en 1937 con la historia de Sebastián, un joven combatiente franquista, y Rafael Rodriguez Rapún, pareja y carcelero de Lorca. Este inicio está basado en la obra teatral La piedra oscura, escrita por Alberto Conejero, que Calvo y Ambrossi expanden para dar mayor profundidad a estos personajes y su contexto histórico. La película, que ha prescindido de pases previos para la prensa española y francesa, ha generado una gran expectación entre la crítica europea por su capacidad para aportar una mirada fresca y humana sobre una época marcada por la represión.

El corazón del filme reside en su intención de recordar y dignificar a quienes no pudieron vivir su amor abiertamente debido a la censura y la violencia de la dictadura. La expresión «España tiene muchas historias de amor enterradas en los campos», pronunciada casi al final, sintetiza la tristeza y la belleza de una historia común a muchas víctimas del franquismo. Los directores han hecho suyo el legado de Lorca, quien ya en su obra inconclusa titulada La bola negra introdujo por primera vez un personaje homosexual, marcando un precedente para la representación queer en la cultura española.

Este proyecto refleja la línea artística de Calvo y Ambrossi, reconocidos por dar visibilidad y refugio a las narrativas queer en sus trabajos anteriores como La llamada, Veneno y La mesías. Con La bola negra, alcanzan un punto culminante, proponiendo no solo un homenaje a las víctimas del franquismo, sino también un abrazo simbólico para quienes aún sienten que su amor no puede ser libre.

El impacto de la película fue tal que incluso Thierry Frémaux, director del Festival de Cannes, admite haberse conmovido sin haber visto trabajos anteriores del dúo. Esta recepción positiva demuestra la necesidad del certamen por incorporar voces renovadoras que aporten nuevas perspectivas frente a la prevalencia de nombres consagrados. La emotividad provocada por La bola negra se manifestó claramente en el público y en la crítica, que valoraron la valentía con la que Calvo y Ambrossi exploran temas complejos mediante un guion sólido y una estética cuidada.