La actividad del marisqueo, que alguna vez ofreció una combinación entre trabajo y flexibilidad familiar, enfrenta hoy una crisis profunda en Galicia. Muchas mujeres que durante años se dedicaron a esta labor están abandonando el sector debido a la falta de ingresos provocada por la disminución drástica de recursos marinos. La experiencia de una exmariscadora ilustra esta realidad: ella asegura que no dejó el mar por las condiciones climáticas o el esfuerzo físico, sino porque no era rentable.

Cuando comenzó en 2009, la mariscadora contaba con un entorno laboral de más de doscientas compañeras; años después, ese número se redujo a poco más de treinta. La escasez de bivalvos empezó a notarse alrededor de 2013, y pese a periodos puntuales favorables, la situación empeoró con el tiempo. Varios factores simultáneos impactaron severamente en las capturas: vertidos contaminantes industriales, alteraciones climáticas y cambios en los patrones pluviométricos complica ron la recuperación de las especies.

Una amenaza decisiva para el sector fue la aparición de Marteilia, una bacteria que prácticamente erradicó el berberecho, uno de los bivalvos más valorados. Esta mortalidad impide que los ejemplares alcancen tamaño comercial, afectando directamente las fuentes de ingreso. Además, la almeja fina, considerada un tesoro económico para las mariscadoras por su alto valor de mercado, también sufre una constante reducción.

Las trabajadoras debieron buscar soluciones por sus propios medios, invirtiendo fondos en comprar semillas para repoblar las zonas de marisqueo. Sin embargo, estos esfuerzos resultaron infructuosos en muchos casos, ya que los bancos marinos permanecían vacíos incluso después de la siembra. A esto se sumaron ensayos con métodos diversos que tampoco lograron revertir la situación, un reflejo del agotamiento progresivo del ecosistema marino dedicado al marisqueo.

Este declive no solo representa un problema ambiental, sino un golpe directo a la economía familiar de quienes dependen del mar. El marisqueo, que ofrecía la posibilidad de un equilibrio entre la vida laboral y la crianza, pasa a ser insostenible. Por ende, muchas mujeres concluyen dejar esta actividad, no por las condiciones físicas o climáticas tan adversas, sino porque simplemente el mar ya no produce los frutos necesarios para sostenerse.