La decisión de anular el gol croata que habría significado el empate en tiempo adicional ante Portugal generó un intenso debate tras el partido. Según la FIFA, un leve roce del delantero Igor Matanovic con la pelota fue suficiente para que el sistema tecnológico integrado en el balón detectara una participación válida, que a su vez dejó a otro jugador croata en fuera de juego, invalidando así la anotación.
Este contacto casi invisible para el ojo humano fue registrado por la tecnología Connected Ball del balón oficial Trionda, que incorpora sensores IMU capaces de identificar cualquier tipo de toque sobre la pelota. La FIFA describió que estos datos se muestran en forma de un "gráfico de latido cardíaco" durante las transmisiones, ofreciendo a los árbitros un recurso inédito para tomar decisiones con precisión y rapidez en situaciones complejas.
El gol de Josko Gvardiol fue anulado en el tiempo de descuento extra, cuando Portugal ya se había adelantado por medio de Gonçalo Ramos, lo que dejó fuera a Croacia en un duelo muy disputado. El árbitro, Espen Eskasa, respaldó la revisión del VAR basada en esta tecnología que, aunque rigurosa, generó controversia por la mínima diferencia que cambió el desenlace del partido.
Tras las críticas y denuncias de un supuesto error o "robo" surgidas sobre todo en medios balcánicos, la FIFA emitió un comunicado detallando que la detección del toque de Matanovic fue determinante para declarar ilegal la jugada. Además, aclaró que en la misma secuencia el balón también fue tocado por un jugador portugués fuera de juego, lo cual refuerza la decisión arbitral.
Esta aplicación de alta tecnología en el Mundial representa un avance significativo en el uso de datos para arbitrar partidos, pero también evidencia la polémica que pueden generar interpretaciones basadas en instrumentos cada vez más sensibles.
