La exposición «La última pintura», inaugurada en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), reúne a un grupo diverso de 32 artistas que reivindican la vigencia y pluralidad de la pintura contemporánea. La muestra enfrenta la idea extendida de que esta disciplina está en decadencia y muestra, por el contrario, su vitalidad a través de diversas propuestas que integran reflexión social, memoria histórica, estética y crítica.

Entre los participantes se encuentran creadores consagrados junto a jóvenes talentos nacidos entre 1977 y 1998. Esta convivencia entre generaciones busca trazar un diálogo que evidencie la continuidad y evolución del medio, desmintiendo la concepción errónea de que los artistas surgen de manera espontánea sin influencias previas. Según uno de los comisarios, Curro González, la iniciativa es un “territorio de encuentro” que suscita entusiasmo en los artistas jóvenes al compartir espacio con referentes consolidados.

En cuanto a las obras, destacan las exploraciones temáticas de algunos creadores. Carlos Cañadas, por ejemplo, toma como punto de partida los personajes archienemigos de Lucky Luke para explorar contradicciones humanas: forajidos violentos con sensibilidad artística y preocupaciones existenciales. Sus piezas reflejan un juego entre la imagen de outlaw y las inquietudes poéticas, a la vez que citan ideas de cineastas como Jean-Luc Godard.

Por su parte, Fran Baena analiza la cultura digital mediante la transformación de memes virales en piezas pictóricas. Su trabajo busca trasladar al lienzo los conflictos sociales contenidos en esos breves fragmentos, desde la crisis de la vivienda hasta el estrés cotidiano, invitando a una mirada crítica más allá del consumo rápido en redes sociales.

El comisario también destacó la persistencia del prejuicio de que la pintura debe ceder protagonismo frente a otras disciplinas más asociadas con la modernidad, como la fotografía. Sin embargo, los artistas de la exposición demuestran que la pintura no solo resiste, sino que se renueva y multiplica sus posibilidades expresivas y conceptuales, amalgamando denuncia social, contemplación y reflexión sobre el propio acto creativo.