Manuel Lombo protagonizó una velada distinta en el cierre del Festival Internacional de Guitarra Paco de Lucía, donde la guitarra quedó en segundo plano para que brillara la voz y el piano. Con un repertorio dedicado a Manuel Alejandro, el intérprete sevillano demostró que las grandes canciones perduran más allá del tiempo y los arreglos.
El concierto se desarrolló en el parque María Cristina con un formato minimalista: Lombo acompañado únicamente por el pianista Chico Pérez. La ausencia de orquestas, coros o grandes producciones puso a prueba la solidez de las canciones emblemáticas del compositor jerezano, quien ha marcado la banda sonora sentimental de España durante décadas.
Desde el inicio con «Yo soy aquel», Lombo dejó claro que su objetivo no era imitar a Manuel Alejandro, sino interpretar con respeto y elegancia un repertorio tan conocido como atemporal. Su estilo pausado y ceremonioso, casi de recitador, permitió enfatizar la letra y el sentimiento que hay detrás de cada canción, humanizando cada historia sin necesidad de grandes artificios.
Chico Pérez, con su piano, acompañó con delicadeza y equilibrio, ofreciendo una base musical que no robaba protagonismo pero sí resaltaba la emotividad de cada tema. Las guitarras, protagonistas durante la semana del festival, aparecieron apenas en momentos puntuales como en la versión de «Quiero recorrer tu cuerpo con mis manos», donde esa sonoridad volvió a tomar protagonismo breve pero significativo.
Además, la voz de Manuel Alejandro, grabada previamente, enriqueció la experiencia al compartir entre canción y canción anécdotas y explicaciones sobre el origen de algunas composiciones. Este diálogo cercano permitió al público comprender mejor el trasfondo de esas melodías que mantienen viva la memoria colectiva.
El estilo de Lombo, que muestra rasgos de bailarín o torero en sus movimientos, sumó una dimensión performativa sutil, visible en gestos naturales frente al micrófono y en la atención puesta en la narrativa de cada letra. La noche cerró un ciclo que, aunque dedicado a la guitarra de Paco de Lucía, recordó que la música se sostiene principalmente por el poder de buenas canciones y voces auténticas.
