El enfrentamiento entre Argentina e Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de México 1986 trascendió lo deportivo para convertirse en un episodio cargado de simbolismo y emociones. Fueron apenas cuatro minutos entre el minuto 51 y el 55 los que consagraron a Diego Armando Maradona como héroe nacional, con dos goles que quedaron grabados en la memoria colectiva del país y del fútbol mundial.
Más allá del partido, este duelo significó para Argentina una revancha simbólica contra Inglaterra por la guerra de las Malvinas ocurrida cuatro años antes. El seleccionador Carlos Bilardo intentó preservar a los jugadores del peso del contexto mediático y político, pero la atmósfera de venganza y patriotismo era inevitable. El estadio Azteca, en Ciudad de México, fue testigo de una jornada inolvidable en la que Maradona, como capitán, motivó a sus compañeros para un encuentro en el que no sólo se jugaba el pase a semifinales, sino el honor nacional.
El camino para llegar a ese partido había sido complicado para Argentina, con una clasificación ajustada y tensiones internas, como el enfrentamiento entre el entonces capitán Daniel Passarella y el cuerpo técnico. Además, hubo dificultades logísticas, como el uso obligado de una segunda camiseta azul que resultó incómoda bajo el intenso calor y la altitud de Ciudad de México, condiciones que afectaron el rendimiento físico de varios equipos. Aun así, nada de eso distraía a los jugadores de su propósito central.
En ese marco, Maradona anticipó la emblemática victoria con confianza y determinación, recordando incluso una jugada personal que culminó con uno de sus goles. El primero de los dos tantos, conocido mundialmente como la “Mano de Dios”, fue un golpe de astucia y polémica que marcó el tono del partido. El segundo, una magistral carrera sorteando rivales hasta definir con habilidad en el segundo palo, fue el símbolo absoluto de su talento y rebeldía.
Este encuentro, escenario también de una multitudinaria y ruidosa confrontación entre las hinchadas, quedó inmortalizado no solo en la memoria colectiva sino en la literatura y el cine. El periodista Andrés Burgo documentó la historia en su obra El Partido, que sirvió de base para una película estrenada en el Festival de Cannes. La batalla deportiva y simbólica representó la antesala de la consagración mundial de Argentina una semana después, al vencer a Alemania Federal y obtener su segunda Copa del Mundo.
