Mathieu van der Poel encara el Tour de Francia con la intención de lograr una combinación ambiciosa: conquistar una etapa, enfundarse el maillot amarillo y respaldar a su compañero Jasper Philipsen. A pesar de la dificultad que representa la confrontación de grandes figuras como Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard, el neerlandés mantiene intacta su motivación y espera que la competencia sea emocionante para los aficionados.
Más allá del Tour, Van der Poel proyecta sus desafíos personales de cara al futuro próximo. Confiesa que su carrera estará marcada por la búsqueda de dos objetivos clave: convertirse en campeón olímpico y campeón del mundo de mountain bike, metas que considera esenciales antes de su retiro.
El neerlandés también ve con optimismo la incorporación de nuevas promesas al pelotón, como Seixas, lo que según él enriquecerá la competición. Reconoce que el Tour de este año contará con rivales potentes, pero se muestra dispuesto a dar lo mejor de sí y aprovechar las oportunidades en las etapas que se ajusten a sus características.
Respecto a la reciente modificación del formato de la contrarreloj por equipos, Van der Poel valora positivamente los cambios introducidos, ya que permiten mayor flexibilidad en la estrategia y benefician a su escuadra. Este nuevo modelo, que contabiliza tiempos individuales más allá del cuarto corredor, incentiva un trabajo en equipo más eficaz.
En cuanto a calendarios, Van der Poel confirmó que la participación en La Vuelta sigue en sus planes para la próxima temporada. Considera todavía viable su presencia en esa competencia, cumpliendo así con su intención de competir en las grandes vueltas antes del cierre de su trayectoria.
Por último, el ciclista reconoció que vestir otra vez el maillot amarillo es un sueño, aunque consciente de la dificultad que implica. Apunta a la última etapa como una posible oportunidad ideal para conseguirlo y cerrar su participación con éxito en el Tour.
