Con la clasificación casi asegurada, México afrontó el partido ante República Checa con la intención de consolidar su liderazgo en el grupo y administrar esfuerzos. La selección azteca mantuvo la posesión y la iniciativa durante la mayor parte del encuentro, buscando generar peligro con centros y jugadas a balón parado.
Por su parte, República Checa necesitaba imperiosamente ganar para mantenerse con vida en el torneo. A pesar de varias ocasiones, entre ellas un disparo de Visinsky que rozó el palo, la escasez de posesión y las dificultades para superar a la defensa mexicana mermaron sus oportunidades de anotar.
El partido, celebrado en el Estadio Azteca, inició con alta intensidad, reflejada en faltas tempranas de ambos equipos. La ausencia del portero mexicano Guillermo Ochoa sorprendió, mientras que la República Checa alineó a cuatro jugadores nuevos respecto a su último encuentro.
Una de las acciones más destacadas fue un codazo que dejó tendido a Krejči tras una falta que el árbitro no sancionó adecuadamente conforme al protocolo de golpes en la cabeza, generando preocupación pero sin detener el juego.
El desarrollo del encuentro mostró a México intentando crear peligro a través de tiros libres y juego estratégico para contrarrestar la altura y físico de los checos. Sin embargo, errores en la entrega del balón y falta de puntería limitaron sus oportunidades claras.
República Checa se apoyó en jugadas aéreas y centros desde las bandas, con Coufal y Sulc probando suerte, pero la defensiva mexicana se mantuvo firme. La tensión en el campo reflejaba la urgencia del equipo visitante de conseguir una victoria que al menos mantuviera sus esperanzas en el Mundial, condicionadas también a otros resultados del grupo.
