Los autónomos con ingresos netos bajos contarán desde 2026 con una deducción en el IRPF de hasta 590,89 euros. Esta medida busca reducir la factura fiscal de quienes obtienen rendimientos por debajo de 20.048 euros anuales, equiparando el beneficio que ya recibían los trabajadores por cuenta ajena con rentas similares.
La deducción se aplica de forma automática al presentar la declaración de la Renta cuando el rendimiento neto —es decir, los ingresos brutos menos los gastos deducibles— no supera el umbral establecido. Además, para acceder a esta reducción, la suma de las rentas de trabajo y actividades económicas no debe exceder los 20.048 euros, y el resto de rentas, como las procedentes de capital mobiliario o inmobiliario, no debe ser mayor a 6.500 euros.
En la práctica, esta deducción permite que autónomos con ingresos cercanos al nuevo salario mínimo —que es de 17.094 euros brutos anuales— puedan tributar con una cuota efectiva próxima a cero. Sin embargo, la ayuda disminuye de forma proporcional conforme los ingresos se acercan al límite permitido hasta desaparecer completamente al superarlo.
Un aspecto crucial para los autónomos es la correcta gestión de retenciones y pagos fraccionados, especialmente mediante el modelo 130. Si mantienen las retenciones calculadas sobre tramos de IRPF más altos, podrían adelantar un dinero que luego Hacienda les devolverá, afectando su liquidez. Por eso, es recomendable solicitar la reducción pertinente en las retenciones para evitar estos desfases y ajustar los pagos trimestrales a la nueva realidad fiscal.
Es importante aclarar que esta deducción no implica un ingreso adicional, sino una disminución del IRPF a pagar, que se regulariza al cierre del ejercicio fiscal. Por lo tanto, el ahorro real depende tanto del nivel exacto de ingresos netos como del adecuado manejo de las retenciones y pagos a cuenta.
