En el corazón del Dão, una de las denominaciones de origen vitivinícolas más antiguas de Portugal, la pequeña villa de Santar ofrece una experiencia única entre sus jardines históricos y sus construcciones de granito. Esta zona, rodeada por las sierras Estrela, Caramulo y Buçaco, combina la tradición agrícola con un patrimonio arquitectónico y paisajístico poco conocido fuera del país.

El proyecto Santar Vila Jardim, impulsado por un vecino local, permitió abrir al público un recorrido por varios jardines privados, antes inaccesibles, que se extienden por el núcleo urbano y sus alrededores. El objetivo fue conectar estos espacios a través de pasarelas y senderos para revelar la riqueza botánica y cultural que esconden estas propiedades centenarias, en colaboración con el paisajista madrileño Fernando Caruncho.

Uno de los jardines más destacados es el de la Casa de Santar e Magalhaes, cuyo diseño en estilo francés data de los siglos XVII y XVIII, con remodelaciones posteriores. El espacio se caracteriza por su geometría casi rectangular y cuenta con pérgolas cubiertas de flores pitiminí, conocidas por su intensa fragancia, que ofrecen sombra durante los veranos de calor extremo en la región. Además, se integraron canales a nivel del suelo que conducen el agua hasta un estanque, creando un ambiente sereno y relajante.

Entre los elementos arquitectónicos sobresale el balcón de la logia, un mirador para el descanso familiar sostenido por columnas toscanas decoradas con azulejos del siglo XVIII. Estos detalles reflejan la unión entre la funcionalidad y la estética que caracteriza a los jardines de Santar.

El estilo paisajístico en esta villa difiere del modelo puramente ornamental europeo, ya que sus jardines mantienen una función práctica: además de áreas de recreo, contienen viñedos y huertos, testimonio de la importancia del cultivo agrícola para la comunidad local.

El recorrido incluye seis jardines principales, cada uno con su propia historia y personalidad, ofreciendo a los visitantes una visión integral del patrimonio natural y cultural de la región vinícola del Dão. Este espacio no solo destaca por sus paisajes y arquitectura de granito, sino también por la interacción entre vecinos que colaboran para preservar y compartir este tesoro.