Santiago Antón Ajenjo alcanzó el centenario rodeado de familiares y autoridades en la residencia municipal Nuestra Señora de Guadalupe, en Almazán, donde reside actualmente. Este reconocimiento, promovido por la Diputación Provincial de Soria y el Ayuntamiento de Almazán, incluyó la entrega de una placa conmemorativa, un pergamino con su acta de nacimiento y un ramo de flores en representación de toda la corporación municipal.

Nacido en Caltojar, un pueblo que en su infancia estaba lleno de vida y tradiciones, Santiago fue el más joven de nueve hermanos, siendo hoy el último superviviente. Desde pequeño experimentó el valor del esfuerzo gracias al trabajo de su padre, agricultor y ganadero que cuidaba un rebaño de ovejas. Su niñez transcurrió entre las tareas en el campo, la escuela y los momentos de juego, con una especial inclinación hacia las matemáticas y la admiración por sus hermanos, quienes marcaron su desarrollo personal y profesional.

Entre los recuerdos más queridos destaca la figura de su madre, Salustiana, a quien describe como una mujer «muy guapa y muy buena» y uno de los pilares fundamentales en su vida. También evocó con cariño la vida comunitaria del pueblo, las festividades como la Virgen del Pilar y el baile que más adelante compartió con Leonor, su pareja y compañera de vida desde que se conocieron a los 28 años. Juntos formaron una familia con cinco hijos y varios nietos que hoy lo acompañan en la residencia.

Tras el fallecimiento de su esposa a los 72 años, Santiago continuó su vida en Almazán, donde se dedicó al sector de la construcción. A lo largo de su historia, enfatiza el valor del trabajo constante y el esfuerzo personal como base de sus logros, de los cuales se siente orgulloso.