Ursa Ibérica consolidó en 2025 su compromiso con la economía circular al reincorporar más de 41.000 toneladas de materiales reciclados en la fabricación de sus productos de aislamiento, entre lana mineral de vidrio y poliestireno extruido (XPS). Este volumen representa un crecimiento sostenido que la empresa mantiene desde hace más de 15 años.
En la producción de lana mineral de vidrio, la compañía empleó cerca de 35.000 toneladas de vidrio reciclado, lo que marcó un récord histórico en el porcentaje de uso de este material, alcanzando casi un 80% sobre el total de materias primas utilizadas en este proceso durante el último año. Esta cifra sitúa a Ursa entre las líderes en reutilización de vidrio dentro de su sector.
En cuanto al poliestireno extruido (XPS), Ursa integró alrededor de 7.086 toneladas de material reciclado y recuperado, superando en cerca del 14% la cifra del año anterior. El material reciclado representa aproximadamente el 70% de las materias primas totales empleadas en la fabricación de este producto. Además, la empresa mantiene la certificación del Distintivo de Calidad Ambiental de la Generalitat de Cataluña, que exige un mínimo del 60% de material reciclado, superado con creces con un 75% en 2025.
Desde 2015 hasta 2025, Ursa ha acumulado más de 360.000 toneladas de material reciclado reincorporado en sus procesos productivos. En la última década, el uso de vidrio reciclado en lana mineral creció desde unas 11.800 toneladas hasta alcanzar las cifras actuales cercanas a las 35.000 toneladas. También se ha intensificado la valorización y reutilización de subproductos industriales, gestionando más de 1.000 toneladas en 2025, un aumento cercano al 10% respecto al año anterior, destinándolos principalmente para su venta en forma de balas para nuevos usos.
El compromiso de Ursa con la sostenibilidad se fundamenta en el modelo de economía circular, donde los materiales se mantienen en uso el mayor tiempo posible para minimizar la generación de residuos. Según el responsable de planta, la empresa busca avanzar hacia un modelo «de la cuna a la cuna», en el que los materiales no se consideren desechos sino recursos para ciclos productivos futuros, optimizando así recursos y reduciendo el impacto ambiental desde el origen.
