El inicio del día en Navas de Ríofrío fue dedicado a la oración colectiva en la capilla, con los participantes comprometiéndose a vivir la jornada bajo la guía de María. Tras este momento espiritual, los campistas compartieron un desayuno para recargar energías antes de iniciar sus tareas diarias.

La convivencia se vio enriquecida al celebrar los cumpleaños de dos hermanos, Mateo y Lucía, quienes soplaron sus velas rodeados de sus compañeros. El grupo colaboró activamente en las actividades cotidianas, como la preparación del comedor para la comida, fomentando un ambiente de cooperación.

Los participantes se reunieron después en sesiones de catequesis divididas por edades, donde abordaron aspectos relacionados con la oración, explorando obstáculos y aprendiendo a pedir ayuda a María. Esta reflexión preparó el camino para la celebración de la eucaristía, acompañada por el sacerdote Óscar y animada por cantos en grupo, incluyendo la canción oficial del campamento.

Posteriormente, una animada coreografía preparada por las premonitoras precedió la comida, que fue casera y valorada por todos. Luego disfrutaron de un tiempo libre destinado a juegos y descanso, antes de asistir a un taller dedicado al rezo del rosario. Durante esta actividad, repasaron los misterios gozosos, profundizando en las oraciones asociadas.

La merienda consistió en un sándwich de Nocilla, seguido por un juego de Trivial que combinó actividad física con retos intelectuales bajo la supervisión de los monitores. Concluida esta fase, los jóvenes se prepararon para la cena y la velada nocturna, esta última con un clásico juego de equipo llamado "Tengo tiro", que consistía en defender una bandera para ganar.

El cierre del día incluyó la oración conjunta de un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria, evocando las plegarias del taller vespertino antes de descansar para continuar con más actividades en la aventura del campamento.