Bombay, la ciudad más poblada de India y centro financiero del país, enfrenta restricciones urgentes en el suministro de agua tras sufrir el junio más árido en más de una década. Sus siete embalses principales están al borde del colapso, con niveles que apenas alcanzan el 10 % de su capacidad, dejando reservas para poco más de un mes.

Esta situación crítica se agrava porque las lluvias monzónicas, vitales para la región, se retrasaron significativamente; mientras normalmente el monzón comienza a principios de junio, ahora se pronostica para finales de mes, retraso que compromete aún más la disponibilidad hídrica y genera preocupación sobre las cosechas y el abastecimiento alimentario.

El estado de Maharashtra, donde se encuentra Bombay, recibió un 75 % menos de precipitaciones de lo habitual en el inicio del mes, un fenómeno ligado a un monzón inusualmente débil en comparación con los últimos 11 años. Este déficit ha obligado a las autoridades a imponer ajustes inmediatos para asegurar el suministro al mayor número de usuarios posibles.

En respuesta, las medidas incluyen la suspensión indefinida de nuevas conexiones de agua y la interrupción total del suministro para las obras de construcción, sin importar su envergadura. Además, grandes consumidores como industrias, comercios y clubes deportivos experimentarán una reducción del 20 % en su dotación de agua.

La crisis hídrica de Bombay deja en evidencia la fragilidad de las grandes urbes frente a las variaciones climáticas y la irregularidad de los patrones de lluvia que afectan la región, un desafío que expertos en cambio climático señalan como creciente a medida que los fenómenos meteorológicos se vuelven más erráticos.