Marruecos avanza con fuerza en la modernización y expansión de sus puertos en la costa norte, consolidándose como actor clave en la zona del Estrecho de Gibraltar y amenazando la influencia de España en este punto estratégico. La construcción del megaproyecto Nador West Med, cuyo inicio está previsto para este año, y el éxito de Tanger Med reflejan una apuesta decidida que desplaza a los puertos españoles tradicionales, como el de Algeciras.

Este desarrollo forma parte de una inversión millonaria que incluye un presupuesto de 75.000 millones de dirhams (aproximadamente 8.000 millones de dólares) en la infraestructura portuaria, acompañada por planes de inversión aún mayores que alcanzan cerca de 100.000 millones de dólares hasta 2030. Esta cifra está alineada con la coorganización del Mundial de Fútbol que Marruecos llevará adelante con España y Portugal, consolidando la región como un corredor económico y estratégico fundamental.

En este contexto, Ceuta emerge como una «zona gris», término que describe situaciones de tensión donde no se desencadena un conflicto armado pero sí enfrentamientos híbridos, como los vividos en mayo de 2021 en la frontera ceutí. Este escenario preocupó tanto a España que un reciente informe del Centro de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) recomienda cambiar la gestión portuaria de Ceuta y Melilla, proponiendo trasladarla de Puertos del Estado a la Presidencia del Gobierno con mayor participación de las fuerzas armadas.

Además, el informe subraya que Marruecos mantiene una estrategia que no favorece el desarrollo económico y social de las áreas cercanas a Ceuta, como Fnideq y Tetuán. La falta de una gestión aduanera eficiente y de un esquema laboral transfronterizo limita el acceso rápido y efectivo de personas a Ceuta, donde existe escasez de mano de obra en varios sectores. Esto impide un crecimiento económico conjunto y el dinamismo necesario para ambas regiones.

El avance marroquí en infraestructuras portuarias y las recomendaciones estratégicas del CESEDEN evidencian un cambio en la concentración del poder en la zona del Estrecho. Mientras Marruecos continúa con sus ambiciosos planes, España enfrenta el reto de reforzar su posición y replantear sus mecanismos de control y desarrollo en Ceuta y Melilla para evitar perder protagonismo en este enclave clave.