El Banco Central Europeo (BCE) decidió aumentar la tasa de interés de depósito en 25 puntos básicos, llevándola al 2,25%. Esta medida representa el primer alza desde septiembre de 2023 y responde a un repunte inflacionario en la eurozona, en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas y signos de desaceleración económica.

Además del incremento en el tipo de depósito, el BCE ajustó también la facilidad de financiación y la facilidad marginal de crédito, situándolas en el 2,40% y 2,65%, respectivamente. Estas herramientas monetarias buscan controlar las presiones inflacionistas que amenazan la estabilidad de precios en la región.

La principal causa detrás de esta decisión es el aumento reciente de la inflación en la eurozona, que alcanzó un 3,2% en mayo, su nivel más alto en casi tres años. Este repunte se atribuye en gran parte al encarecimiento de la energía, consecuencia directa de la inestabilidad en Oriente Próximo. Según el BCE, este incremento en precios energéticos podría derivar en un impacto más amplio, afectando también a productos esenciales como alimentos y servicios y generando presiones inflacionarias más persistentes.

El conflicto en Oriente Próximo añade complejidad al escenario económico europeo, dificultando las perspectivas de crecimiento al crear incertidumbre en los mercados energéticos. Esta inestabilidad obliga al BCE a equilibrar el combate a la inflación con el riesgo de frenar aún más la economía, que ya muestra señales de menor dinamismo.

En consecuencia, la subida de tipos encarecerá el acceso al crédito para hogares y empresas, aumentando el costo de hipotecas, préstamos y financiaciones. Aunque esta medida impacta directamente en la actividad económica, el BCE considera que es crucial para evitar una espiral inflacionaria que reduzca el poder adquisitivo y ponga en riesgo la estabilidad macroeconómica.

Respecto a las previsiones, el organismo proyecta que la inflación se mantendrá alrededor del 3% durante 2026, descendiendo a 2,3% en 2027 y a 2% en 2028, revisando al alza sus estimaciones previas. En paralelo, el crecimiento económico de la eurozona se ajustó a la baja, con una expansión esperada del Producto Interno Bruto (PIB) de 0,8% en 2026, 1,2% en 2027 y 1,5% en 2028, reflejando un ritmo de crecimiento menor al inicialmente previsto.

El BCE reiteró que mantendrá una estrategia flexible y basada en datos actualizados para futuras decisiones sobre la política monetaria, sin comprometerse a una trayectoria fija, ante la incertidumbre que domina el horizonte económico y geopolítico.