El impacto de la incapacidad temporal en España se ha convertido en un desafío estructural que afecta tanto a la economía como a la sostenibilidad del Estado del bienestar. En 2025, el gasto en bajas por contingencias comunes llegó a los 33.000 millones de euros, lo que representa un aumento significativo respecto al año anterior y más del 60% en la última década.
La Fundación Economía y Salud presentó un informe que diagnostica este problema y propone reformas urgentes para aliviar su impacto. Entre las recomendaciones destacan la simplificación de las normativas, la creación de unidades especializadas para gestionar las bajas, el uso de inteligencia artificial para predecir riesgos y, especialmente, la implantación de itinerarios flexibles de retorno laboral, como la incapacidad parcial, para sustituir el actual modelo rígido.
Este incremento no responde a un solo factor, sino a la combinación de varios. El auge de las patologías relacionadas con la salud mental, que aumentaron un 175% en general y un 375% entre menores de 35 años, junto con el crecimiento de los problemas musculoesqueléticos, han saturado el sistema. A esto se suma la congestión en la atención primaria y la prolongación artificial de las bajas por listas de espera en pruebas y cirugías.
El informe también vincula el acceso masivo a la contratación indefinida tras la reforma laboral con un incremento notable en la incidencia de la incapacidad temporal. Los datos revelan que las bajas de larga duración, aquellas que superan un año, representan solo el 2,4% de los casos, pero concentran más de un tercio de las jornadas laborales perdidas. Además, más de la mitad de los trabajadores que estuvieron de baja en un año repiten la situación al siguiente.
Desde la perspectiva empresarial, esta situación genera un fuerte perjuicio económico. El sistema de financiación actual se considera poco preventivo, ya que la carga financiera recae principalmente en las empresas, que soportaron en el último ejercicio 12.245 millones de euros, especialmente por el coste de las bajas entre el cuarto y el decimoquinto día.
Este escenario limita la capacidad competitiva y la estabilidad financiera del tejido productivo, que enfrenta una factura millonaria en costes directos e indirectos, lo que añade presión a un sistema ya tensionado por factores demográficos y sanitarios.
