Ante la próxima cumbre del G7 en Evian, la Federación Internacional de Fabricantes y Asociaciones Farmacéuticas (IFPMA) y la organización Leem de Francia solicitaron que la innovación sanitaria se posicione como un pilar estratégico en las políticas económicas globales. Esta petición se basa en la necesidad de enfrentar desafíos como el envejecimiento poblacional, el aumento de enfermedades crónicas y la preparación ante futuras amenazas sanitarias.

La iniciativa surge tras la Cumbre B7 realizada en París, donde líderes empresariales acordaron que la innovación en salud es crucial para la estabilidad macroeconómica y la competitividad nacional. Por eso, propusieron tres ejes para reforzar este sector: aumentar la inversión en medicamentos y vacunas de última generación, reconocer formalmente a la industria farmacéutica innovadora como un motor clave de crecimiento económico, y priorizar su rol en el avance tecnológico, incluyendo la digitalización y el manejo de datos.

Los organismos destacaron que las inversiones en innovación médica no solo mejoran la salud pública, sino que también generan efectos multiplicadores en el bienestar social y el desarrollo económico. Por esta razón, reclamaron políticas públicas que reflejen el valor integral de estos productos, asegurando mercados competitivos que incentiven la investigación y el desarrollo. Además, subrayaron la importancia de considerar a la industria farmacéutica como un sector estratégico por su capacidad de crear empleos altamente especializados y fortalecer la resiliencia económica a largo plazo.

En el marco de la presidencia francesa del G7 en 2026, tanto gobiernos como empresas reforzaron la visión de una colaboración estrecha como condición indispensable para afrontar los retos globales actuales. Este consenso apunta a consolidar la innovación sanitaria como una prioridad constante dentro de la agenda de las potencias industriales, buscando así un crecimiento sostenible y seguro.

La petición central del sector es que los líderes del G7 envíen un mensaje claro respecto a la salud como prioridad estratégica fundamental, lo que implicaría un compromiso sólido para invertir y proteger los avances médicos que sustentan la competitividad y la seguridad sanitaria mundial.