Europa mantiene una cobertura amplia en acceso al agua potable y saneamiento, con casi el 97% de la población conectada a redes públicas de agua y alrededor del 90% con servicios de tratamiento de aguas residuales. Sin embargo, este panorama positivo choca con un problema creciente: las infraestructuras de abastecimiento y saneamiento están envejeciendo y requieren renovaciones urgentes que no se están financiando acorde a las necesidades.
El informe Europe's Water in Figures 2026, elaborado por la European Federation of National Associations of Water Services (EurEau), destaca que, aunque el agua destinada al consumo humano cumple con altos estándares internacionales de calidad gracias a controles rigurosos y tecnología avanzada, la inversión actual resulta insuficiente para mantener la resiliencia y adaptarse a desafíos crecientes.
Entre estos desafíos se encuentran mayores exigencias regulatorias, contaminación con nuevos compuestos emergentes, el impacto del cambio climático, el aumento en los costos energéticos y la necesidad de implementar tratamientos más sofisticados. Todo esto presiona sobre unas redes que requieren más recursos para garantizar su buen funcionamiento futuro.
EurEau también señala que los avances en eficiencia, como la reducción del consumo y las pérdidas en las redes, deben acompañarse de un compromiso constante en inversiones. Así, se garantizará que la factura del agua —que representa aproximadamente el 1% de los ingresos familiares en Europa— siga siendo asequible sin comprometer la calidad del servicio.
El informe insiste en que Europa debe incrementar sus inversiones anuales, que actualmente rondan los 52.500 millones de euros, para asegurar el suministro seguro, resilientey asequible en las próximas décadas. Este aumento es clave para modernizar las infraestructuras existentes y enfrentar con éxito los retos ambientales y tecnológicos que se aproximan.
